
Hay que tener cuidado con el poder que se otorga o que se consigue.
Uno malgasta su juventud luchando contra las injusticias y toda clase de abusos de poder, y al final cuando consigue arrebatar ese poder para que haya justicia, uno cae en el tentador peligro de convertirse en aquello contra lo que estuvo luchando. Esto se ha repetido demasiadas veces a lo largo de nuestra historia.
Se han cometido verdaderas atrocidades en nombre de causas justas.
No creo en nada. No hay ideas por las que luchar. Uno siempre lucha por sus huesos. Esto es así.
Me aferro a la liturgia de las costumbres familiares para protegerme contra la invasión de los buitres y estafadores. Su fortaleza es el escudo que sujeto y me sujeta, el que me me permite estar cómodo y tranquilo. Sin que nadie me toque los cojones demasiado.
Pero el poder siempre lleva al abuso de poder. Es inútil luchar contra la naturaleza humana.
Hay que asumir que somos depredadores. Y procurar que al menos la gente que te rodea no sufra demasiado por tu culpa.
Nos apoyamos unos a otros. En la familia. No puede haber un clan multitudinario. Nuestra nación es grande, pero mi patria se diluye en la distancia. Todo lo demás es importante para otros. Pero no para mi. No metas las narices en asuntos ajenos que no te afectan.
Los imperios nunca perduran. Están condenados a desgajarse.
Haz felices a los que te rodean. No dejes que otros te conviertan en víctima, y menos aún que seas tú mismo quien lo haga. No te dejes aplastar por nadie. Y si consigues esa parcelita de poder, puedes sentirte satisfecho, pero no caigas en lo mismo.
Mantente libre.
Don Lupo